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Nuestra Señora de Fátima

La Santísima Virgen María
se manifestó a tres niños campesinos

Nuestra Señora la Bienaventurada Virgen María de Fátima, en Portugal. En la localidad de Aljustrel, la contemplación de la que, en el orden de la gracia, es nuestra Madre clementísima, suscita en muchos fieles, no obstante las adversidades, la oración por los pecadores y la profunda conversión de los corazones.
En 1917, en el momento de las apariciones, Fátima era una ciudad desconocida de 2.500 habitantes, situada a 800 metros de altura y a 130 kilómetros al norte de Lisboa, casi en el centro de Portugal. Hoy Fátima es famosa en todo el mundo y su santuario lo visitan innumerables devotos.

Allí, la Virgen se manifestó a niños de corta edad: Lucía, de diez años, Francisco, su primo, de nueve años, un jovencito tranquilo y reflexivo, y Jacinta, hermana menor de Francisco, muy vivaz y afectuosa. Tres niños campesinos muy normales, que no sabían ni leer ni escribir, acostumbrados a llevar a pastar a las ovejas todos los días. Niños buenos, equilibrados, serenos, valientes, con familias atentas y premurosas.

Los tres habían recibido en casa una primera instrucción religiosa, pero sólo Lucía había hecho ya la primera comunión.

Las apariciones estuvieron precedidas por un «preludio angélico»: un episodio amable, ciertamente destinado a preparar a los pequeños para lo que vendría.

Lucía misma, en el libro Lucia racconta Fátima (Editrice Queriniana, Brescia 1977 y 1987) relató el orden de los hechos, que al comienzo sólo la tuvieron a ella como testigo. Era la primavera de 1915, dos años antes de las apariciones, y Lucía estaba en el campo junto a tres amigas. Y esta fue la primera manifestación del ángel:

Sería más o menos mediodía, cuando estábamos tomando la merienda. Luego, invité a mis compañeras a recitar conmigo el rosario, cosa que aceptaron gustosas. Habíamos apenas comenzado, cuando vimos ante nosotros, como suspendida en el aire, sobre el bosque, una figura, como una estatua de nieve, que los rayos del sol hacían un poco transparente. «¿Qué es eso?», preguntaron mis compañeras, un poco atemorizadas. «No lo sé». Continuamos nuestra oración, siempre con los ojos fijos en aquella figura, que desapareció justo cuando terminábamos (ibíd., p. 45).

El hecho se repitió tres veces, siempre, más o menos, en los mismos términos, entre 1915 y 1916.

Llegó 1917, y Francisco y Jacinta obtuvieron de sus padres el permiso de llevar también ellos ovejas a pastar; así cada mañana los tres primos se encontraban con su pequeño rebaño y pasaban el día juntos en campo abierto. Una mañana fueron sorprendidos por una ligera lluvia, y para no mojarse se refugiaron en una gruta que se encontraba en medio de un olivar. Allí comieron, recitaron el rosario y se quedaron a jugar hasta que salió de nuevo el sol. Con las palabras de Lucía, los hechos sucedieron así:

… Entonces un viento fuerte sacudió los árboles y nos hizo levantar los ojos… Vimos entonces que sobre el olivar venía hacia nosotros aquella figura de la que ya he hablado. Jacinta y Francisco no la habían visto nunca y yo no les había hablado de ella. A medida que se acercaba, podíamos ver sus rasgos: era un joven de catorce o quince años, más blanco que si fuera de nieve, el sol lo hacía transparente como de cristal, y era de una gran belleza. Al llegar junto a nosotros dijo: «No tengan miedo. Soy el ángel de la paz. Oren conmigo». Y arrodillado en la tierra, inclinó la cabeza hasta el suelo y nos hizo repetir tres veces estas palabras: «Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo. Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman». Luego, levantándose, dijo: «Oren así. Los corazones de Jesús y María están atentos a la voz de sus súplicas». Sus palabras se grabaron de tal manera en nuestro espíritu, que jamás las olvidamos y, desde entonces, pasábamos largos períodos de tiempo prosternados, repitiéndolas hasta el cansancio (ibíd, p. 47).

En el prefacio al libro de Lucía, el padre Antonio María Martins anota con mucha razón que la oración del ángel «es de una densidad teológica tal» que no pudo haber sido inventada por unos niños carentes de instrucción. «Ha sido ciertamente enseñada por un mensajero del Altísimo», continúa el estudioso. «Expresa actos de fe, adoración, esperanza y amor a Dios Uno y Trino».

Durante el verano el ángel se presentó una vez más a los niños, invitándolos a ofrecer sacrificios al Señor por la conversión de los pecadores y explicándoles que era el ángel custodio de su patria, Portugal.

Pasó el tiempo y los tres niños fueron de nuevo a orar a la gruta donde por primera vez habían visto al ángel. De rodillas, con la cara hacia la tierra, los pequeños repiten la oración que se les enseñó, cuando sucede algo que llama su atención: una luz desconocida brilla sobre ellos. Lucía lo cuenta así:

Nos levantamos para ver qué sucedía, y vimos al ángel, que tenía en la mano izquierda un cáliz, sobre el que estaba suspendida la hostia, de la que caían algunas gotas de sangre adentro del cáliz.

El ángel dejó suspendido el cáliz en el aire, se acercó a nosotros y nos hizo repetir tres veces: «Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo te ofrezco el preciosísimo cuerpo, sangre, alma y divinidad de Jesucristo…». Luego se levantó, tomó en sus manos el cáliz y la hostia; me dio la hostia santa y el cáliz lo repartió entre Jacinta y Francisco… (ibíd., p. 48).

El ángel no volvió más: su tarea había sido evidentemente la de preparar a los niños para los hechos grandiosos que les esperaban y que tuvieron inicio en la primavera de 1917, cuarto año de la guerra, que vio también la revolución bolchevique.

El 13 de mayo era domingo anterior a la Ascensión. Lucía, Jacinta y Francisco habían ido con sus padres a misa, luego habían reunido sus ovejas y se habían dirigido a Cova da Iria, un pequeño valle a casi tres kilómetros de Fátima, donde los padres de Lucía tenían un cortijo con algunas encinas y olivos.

Aquí, mientras jugaban, fueron asustados por un rayo que surcó el cielo azul: temiendo que estallara un temporal, decidieron volver, pero en el camino de regreso, otro rayo los sorprendió, aún más fulgurante que el primero. Dijo Lucía:

A los pocos pasos, vimos sobre una encina a una Señora, toda vestida de blanco, más brillante que el sol, que irradiaba una luz más clara e intensa que la de un vaso de cristal lleno de agua cristalina, atravesada por los rayos del sol más ardiente. Sorprendidos por la aparición, nos detuvimos. Estábamos tan cerca que nos vimos dentro de la luz que la rodeaba o que ella difundía. Tal vez a un metro o medio de distancia, más o menos… (ibíd., p. 118).

La Señora habló con voz amable y pidió a los niños que no tuvieran miedo, porque no les haría ningún daño. Luego los invitó a venir al mismo sitio durante seis meses consecutivos, el día 13 a la misma hora, y antes de desaparecer elevándose hacia Oriente añadió: «Reciten la corona todos los días para obtener la paz del mundo y el fin de la guerra».

Los tres habían visto a la Señora, pero sólo Lucía había hablado con ella; Jacinta había escuchado todo, pero Francisco había oído sólo la voz de Lucía.

Lucía precisó después que las apariciones de la Virgen no infundían miedo o temor, sino sólo «sorpresa»: se habían asustado más con la visión del ángel.

En casa, naturalmente, no les creyeron y, al contrario, fueron tomados por mentirosos; así que prefirieron no hablar más de lo que habían visto y esperaron con ansia, pero con el corazón lleno de alegría, que llegara el 13 de junio.

Ese día los pequeños llegaron a la encina acompañados de una cincuentena de curiosos. La aparición se repitió y la Señora renovó la invitación a volver al mes siguiente y a orar mucho. Les anunció que se llevaría pronto al cielo a Jacinta y Francisco, mientras Lucía se quedaría para hacer conocer y amar su Corazón Inmaculado. A Lucía, que le preguntaba si de verdad se quedaría sola, la Virgen respondió: «No te desanimes. Yo nunca te dejaré. Mi Corazón Inmaculado será tu refugio y el camino que te conducirá hasta Dios». Luego escribió Lucía en su libro:

En el instante en que dijo estas últimas palabras, abrió las manos y nos comunicó el reflejo de aquella luz inmensa. En ella nos veíamos como inmersos en Dios. Jacinta y Francisco parecían estar en la parte de la luz que se elevaba al cielo y yo en la que se difundía sobre la tierra. En la palma de la mano derecha de la Virgen había un corazón rodeado de espinas, que parecían clavarse en él. Comprendimos que era el Corazón Inmaculado de María, ultrajado por los pecados de la humanidad, y que pedía reparación (ibíd., p. 121).

Cuando la Virgen desapareció hacia Oriente, todos los presentes notaron que las hojas de las encinas se habían doblado en esa dirección; también habían visto el reflejo de la luz que irradiaba la Virgen sobre el rostro de los videntes y cómo los transfiguraba.

El hecho no pudo ser ignorado: en el pueblo no se hablaba de otra cosa, naturalmente, con una mezcla de maravilla e incredulidad.

La mañana del 13 de julio, cuando los tres niños llegaron a Cova da Iria, encontraron que los esperaban al menos dos mil personas. La Virgen se apareció a mediodía y repitió su invitación a la penitencia y a la oración. Solicitada por sus padres, Lucía tuvo el valor de preguntarle a la Señora quién era; y se atrevió a pedirle que hiciera un milagro que todos pudieran ver. Y la Señora prometió que en octubre diría quién era y lo que quería y añadió que haría un milagro que todos pudieran ver y que los haría creer.

Antes de alejarse, la Virgen mostró a los niños los horrores del infierno (esto, sin embargo, se supo muchos años después, en 1941, cuando Lucía, por orden de sus superiores escribió las memorias recogidas en el libro ya citado. En ese momento, Lucía y sus primos no hablaron de esta visión en cuanto hacía parte de los secretos confiados a ellos por la Virgen, cuya tercera parte aún se ignora) y dijo que la guerra estaba por terminar, pero que si los hombres no llegaban a ofender a Dios, bajo el pontificado de Pío XII estallaría una peor.

Cuando vean una noche iluminada por una luz desconocida, sabrán que es el gran signo que Dios les da de que está por castigar al mundo a causa de sus crímenes, por medio de la guerra, del hambre y de la persecución a la Iglesia y al Santo Padre. Para impedirla, quiero pedirles la consagración de Rusia a mi Corazón Inmaculado y la comunión reparadora los primeros sábados. Si cumplen mi petición, Rusia se convertirá y vendrá la paz. Si no, se difundirán en el mundo sus horrores, provocando guerras y persecuciones a la Iglesia… Al final, mi Corazón Inmaculado triunfará. El Santo Padre me consagrará Rusia, que se convertirá, y se le concederá al mundo un período de paz… (ibíd., p. 122).

Después de esta aparición, Lucía fue interrogada de modo muy severo por el alcalde, pero no reveló a ninguno los secretos confiados por la Virgen.

El 13 de agosto, la multitud en Cova era innumerable: los niños, sin embargo, no llegaron. A mediodía en punto, sobre la encina, todos pudieron ver el relámpago y la pequeña nube luminosa. ¡La Virgen no había faltado a su cita! ¿Qué había sucedido? Los tres pastorcitos habían sido retenidos lejos del lugar de las apariciones por el alcalde, que con el pretexto de acercarlos en auto, los había llevado a otro lado, a la casa comunal, y los había amenazado con tenerlos prisioneros si no le revelaban el secreto. Ellos callaron, y permanecieron encerrados. Al día siguiente hubo un interrogatorio con todas las de la ley, y con otras amenazas, pero todo fue inútil, los niños no abandonaron su silencio.

Finalmente liberados, los tres pequeños fueron con sus ovejas a Cova da Iria el 19 de agosto, cuando, de repente, la luz del día disminuyó, oyeron el relámpago y la Virgen apareció: pidió a los niños que recitaran el rosario y se sacrificaran para redimir a los pecadores. Pidió también que se construyera una capilla en el lugar.

Los tres pequeños videntes, profundamente golpeados por la aparición de la Virgen, cambiaron gradualmente de carácter: no más juegos, sino oración y ayuno. Además, para ofrecer un sacrificio al Señor se prepararon con un cordel tres cilicios rudimentarios, que llevaban debajo de los vestidos y los hacían sufrir mucho. Pero estaban felices, porque ofrecían sus sufrimientos por la conversión de los pecadores.

El 13 de septiembre, Cova estaba atestada de personas arrodilladas en oración: más de veinte mil. A mediodía el sol se veló y la Virgen se apareció acompañada de un globo luminoso: invitó a los niños a orar, a no dormir con los cilicios, y repitió que en octubre se daría un milagro. Todos vieron que una nube cándida cubría a la encina y a los videntes. Luego reapareció el globo y la Virgen desapareció hacia Oriente, acompañada de una lluvia, vista por todos, de pétalos blancos que se desvanecieron antes de tocar tierra. En medio de la enorme emoción general, nadie dudaba que la Virgen en verdad se había aparecido.

El 13 de octubre es el día del anunciado milagro. En el momento de la aparición se llega a un clima de gran tensión. Llueve desde la tarde anterior. Cova da Iria es un enorme charco, pero no obstante miles de personas pernoctan en el campo abierto para asegurar un buen puesto.

Justo al mediodía, la Virgen aparece y pide una vez más una capilla y predice que la guerra terminará pronto. Luego alza las manos, y Lucía siente el impulso de gritar que todos miren al sol. Todos vieron entonces que la lluvia cesó de golpe, las nubes se abrieron y el sol se vio girar vertiginosamente sobre sí mismo proyectando haces de luz de todos los colores y en todas direcciones: una maravillosa danza de luz que se repitió tres veces.

La impresión general, acompañada de enorme estupor y preocupación, era que el sol se había desprendido del cielo y se precipitaba a la tierra. Pero todo vuelve a la normalidad y la gente se da cuenta de que los vestidos, poco antes empapados por el agua, ahora están perfectamente secos. Mientras tanto la Virgen sube lentamente al cielo en la luz solar, y junto a ella los tres pequeños videntes ven a san José con el Niño.

Sigue un enorme entusiasmo: las 60.000 personas presentes en Cova da Iria tienen un ánimo delirante, muchos se quedan a orar hasta bien entrada la noche.

Las apariciones se concluyen y los niños retoman su vida de siempre, a pesar de que son asediados por la curiosidad y el interés de un número siempre mayor de personas: la fama de Fátima se difunde por el mundo.

Entre tanto las predicciones de la Virgen se cumplen: al final de 1918 una epidemia golpea a Fátima y mina el organismo de Francisco y Jacinta. Francisco muere santamente en abril del año siguiente como consecuencia del mal, y Jacinta en 1920, después de muchos sufrimientos y de una dolorosísima operación.

En 1921, Lucía entra en un convento y en 1928 pronuncia los votos. Será sor María Lucía de Jesús.

Se sabe que, luego de concluir el ciclo de Fátima, Lucía tuvo otras apariciones de la Virgen (en 1923, 1925 y 1929), que le pidió la devoción de los primeros sábados y la consagración de Rusia.

En Fátima las peticiones de la Virgen han sido atendidas: ya en 1919 fue erigida por el pueblo una primera modesta capilla. En 1922 se abrió el proceso canónico de las apariciones y el 13 de octubre de 1930 se hizo pública la sentencia de los juicios encargados de valorar los hechos: «Las manifestaciones ocurridas en Cova da Iria son dignas de fe y, en consecuencia, se permite el culto público a la Virgen de Fátima».

También los papas, de Pío XII a Juan Pablo II, estimaron mucho a Fátima y su mensaje. Movido por una carta de sor Lucía, Pío XII consagraba el mundo al Corazón Inmaculado de María el 31 de octubre de 1942. Pablo VI hizo referencia explícita a Fátima con ocasión de la clausura de la tercera sesión del Concilio Vaticano II. Juan Pablo II fue personalmente a Fátima el 12 de mayo de 1982: en su discurso agradeció a la Madre de Dios por su protección justamente un año antes, cuando se atentó contra su vida en la plaza de San Pedro.

Con el tiempo, se han construido en Fátima una grandiosa basílica, un hospital y una casa para ejercicios espirituales. Junto a Lourdes, Fátima es uno de los santuarios marianos más importantes y visitados del mundo.

COMO SER AMABLE CONTIGO MISMO?

Se suele decir que somos nuestros peores jueces y verdugos o que solemos tratar mejor a los demás que a nosotros mismos. Tal vez, puede que nos auto-exijamos demasiado, que no nos perdonemos nuestros fallos y que nos cueste mucho mimarnos o decirnos cosas lindas.

Es necesario entonces, que aprendamos a querernos, respetarnos y aceptarnos, tal y como hacemos con otras personas que nos rodean. Empezando por uno mismo, es más fácil después extenderlo hacia el prójimo.

Algunos podrán decir que se exigen demasiado para no quedarse sin hacer nada o porque necesitan límites para seguir avanzando. Eso está muy bien. Lo que no es del todo correcto, es que nos estemos continuamente “echando en cara” lo que hacemos mal o lo que podríamos mejorar. Podríamos comenzar por no ser tan estrictos y permitirnos cometer errores de vez en cuando (que además nos servirán como aprendizaje).

Nos mostramos ante los demás como personas fuertes, decididas y valientes, todo un superhéroe o mujer maravilla. Mientras escondemos que tenemos miedo, que dudamos, que no somos felices.

Toda esa máscara o pantalla no nos ayuda, sino todo lo contrario, porque cuando llega el momento de estar a solas, nos convertimos en los más injustos y duros del planeta, no nos permitimos equivocarnos ni tan solo un poco.

¿Cómo comenzar a ser amable?

Decir “yo me amo” no es sinónimo de narcicismo, sino de aceptarme y quererme tal cual soy. Y aunque, justamente esto parece ser lo más difícil del mundo, no debería serlo. Por ello, algunos consejos que pueden ayudarte son:

1.Asume que te equivocas: Nadie es perfecto ni nadie nació sabiendo. Tal como le ocurre a los demás, tú también cometes errores porque eres humano. Relativiza tus equivocaciones, no hagas un mar de una gota de agua, pon las cosas en perspectiva.

Si hay algo de tu accionar o hablar que no te ha gustado, presta más atención para la próxima vez, analiza la situación y determina de qué manera solucionarlo. ¿Qué pasaría si el mismo error le ocurriera a un amigo o a un familiar? Convéncete de que el mundo no dejará de girar, ni será el apocalipsis porque te equivocaste, o mejor dicho, porque lo admitiste.

2.No ignores el dolor: tampoco la tristeza, el temor, el sufrimiento, la desesperación, la depresión… es decir, todo lo malo que te pasa. Querer disimular ante los demás puede servirte en ciertas ocasiones, pero llega un momento en el que debes hacer frente a tus sentimientos y emociones.

Eres capaz de soportar que tu mejor amigo se siente mal o que tu pareja tenga un día malo, pero no de decir “hoy estoy triste” o “estoy deprimida”, porque queremos a toda costa alejar ese sentimiento, esconderlo y no solucionarlo. Esto sólo sirve para empeorar las cosas.

3.Trátate de la misma manera que lo harías con alguien que amas: imagina que estás en la cocina con tu hijo pequeño que quiere ayudarte a poner la mesa. Toma un vaso y se le cae al piso, haciéndose añicos. ¿Qué le dirías? Puede que lo retes, pero también si el pequeño se corta o se pone a llorar lo consolarías, le dirías que fue sin querer, que es un error que le puede pasar a cualquiera, etc.

Ahora bien, ¿qué pasaría si en lugar de tu hijo fuera a ti a quien se le cae el vaso que se rompe en mil pedazos? Seguro que tu primera reacción sería pensar que eres un inútil y que no puedes hacer nada bien.

Compara ambas situaciones e imagina cómo se sentiría tu hijo si le dijeras lo mismo que a ti y como te sentirías tu si fueses más comprensivo como con el niño.

4.Tener un mal día no significa que la mala suerte llegó para quedarse. Todos podemos pasar por momentos que queremos olvidar, que nos hacen mal, donde no nos sale nada bien y parece que caminamos con una nube negra en la cabeza, que sólo nos moja.

Más allá de las cosas malas, desgraciadas o adversas, tenemos la posibilidad de salir airosos y ganar la batalla a la racha negativa, mala suerte o como queramos llamarlo. Siempre habrá cosas buenas para destacar aún en los peores momentos. Deténte unos minutos todos los días para pensar qué cosas agradecer… ¡te darás cuenta de que son muchas y muy buenas!

No seas tu mayor enemigo, mejor conviértete en tu aliado y compañero.

APRENDER DE LOS ERRORES

A ninguna persona le gusta cometer errores, pero cuando los cometes, debes de aprender de ellos correctamente y darte cuenta que los errores forman parte esencial de la superación personal; no debes de sentirte abrumado por la culpa y el arrepentimiento, y analiza cómo puedes aprender de ellos.

Seguro que puedes ser demasiado autocrítico, especialmente cuando te das cuenta de que tu comportamiento podría haber sido mejor de lo que ha sido, pero lo verdaderamente importante, es aprender de los errores y que puedes mejorar la próxima vez

CÓMO APRENDER DE TUS ERRORES

– No te inhibas debido a tus decisiones pasadas, lo hecho, hecho esta y no se puede cambiar. De aquí en adelante haz las cosas todo lo bien que puedas

– Cultiva la confianza en tus relaciones, porque es una de las grandes razones para estar en una relación, tanto para darlo como para recibirlo, y huye de las personas poco fiables.

– Si realmente quieres perdonar a alguien quien quiera que sea que haces daño, tienes que ser capaz de sentir su dolor, porque entonces la persona dañada sentirá que tu disculpa es sincera, y que estás arrepentido.

– No te culpes por ser complaciente, ya que tal vez necesitas ser discreto o aceptar ese momento particular.

– En realidad, debes de mostrarte agradable, no debes de hacer sufrir a los demás, porque si les estás tratando de una manera lamentable, no te sentirás bien contigo mismo.

– Controla tu ira, porque ésta puede matar la motivación; es mejor dejar de lado la ira que perder el tiempo y la energía siendo sarcástico o haciendo daño a las personas.

– No te rindas en tus proyectos.

CÓMO HACERLO

FOMENTA LA DIGNIDAD

Si has cometido errores que dañan a otras personas, es importante ofrecer una disculpa digna, para restablecer la confianza; si no te disculpas, por vergüenza o falta de voluntad, la persona ofendida tomará represalias contra ti, y si la disculpa es sincera, puede que la otra persona te perdone.

Es más eficaz pedir disculpas en persona, en vez de a través de un correo electrónico, y una vez que hayas pedido perdón; es erróneo decir varias veces que lo sientes por el mismo error, es mejor pedir disculpas sinceramente una vez y luego seguir adelante.

NO SEAS UN PERFECCIONISTA

Si tienes miedo de cometer un error, pasarías la mayor parte de tu vida sin hacer absolutamente nada; cometer errores, es una parte esencial de cara al futuro. Ante la necesidad de evitar errores a toda costa, surgirá una barrera psicológica para asumir riesgos.

NO JUSTIFIQUES ERRORES

El instinto natural trata de justificar nuestras acciones y cuando se cometen errores, los justificamos por el bien de nuestro ego, pero en ocasiones es mejor decir la verdad, que has sido tú quien ha cometido el error.

ENTIENDE LOS ERRORES

Los errores se producen por diversas razones, y para evitar que se repitan, es necesario comprender la razón de fondo; si cometes errores porque estás permanentemente cansado, trate de dormir más, y si estás estresado permanentemente, buscar formas para relajarte y desconectar del estrés.

EVITA REPETIR ERRORES

Debes de evitar sentirte culpable de cometer errores, pero al mismo tiempo, debes de aprender de ellos. Si repites los mismos errores, se nota que no están haciendo progresos; a menudo, los errores se deben a malos hábitos. Para evitar cometer los mismos errores, se requiere una cuidadosa consideración y un esfuerzo sostenido para cambiar tu forma de pensar.

CURAR LA CEGUERA DEL ALMA

A base de pequeñas traiciones a la conciencia, el corazón puede endurecerse. Poco a poco inicia una ceguera que dificulta ver el bien, la verdad, la justicia. Entonces alma queda encarcelada entre caprichos y pecados que destruyen y que ahogan.
Son muchas las cegueras del alma. Desde perezas y cobardías, desde ambiciones y envidias, desde lujurias y odios, desde orgullos y egoísmos, los ojos dejan de ver la luz y quedan prisioneros de las tinieblas.

Como enseña san Juan, “quien aborrece a su hermano está en las tinieblas, camina en las tinieblas, no sabe a dónde va, porque las tinieblas han cegado sus ojos” (1Jn 2,11). San Pablo ofrece un análisis más detallado del camino que lleva a la oscuridad y al pecado:
“Porque, habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, antes bien se ofuscaron en sus razonamientos y su insensato corazón se entenebreció: jactándose de sabios se volvieron estúpidos, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por una representación en forma de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos, de reptiles. Por eso Dios los entregó a las apetencias de su corazón hasta una impureza tal que deshonraron entre sí sus cuerpos. (…) Y como no tuvieron a bien guardar el verdadero conocimiento de Dios, entrególos Dios a su mente insensata, para que hicieran lo que no conviene: llenos de toda injusticia, perversidad, codicia, maldad, henchidos de envidia, de homicidio, de contienda, de engaño, de malignidad, chismosos, detractores, enemigos de Dios, ultrajadores, altaneros, fanfarrones, ingeniosos para el mal, rebeldes a sus padres, insensatos, desleales, desamorados, despiadados” (Rm 1,21‑31).

¿Cómo salir de ese estado de ceguera? ¿Cómo recuperar nuevamente la vista? Si nos dejamos curar por Cristo, si le permitimos tocar nuestros párpados y humedecer nuestras pupilas, volveremos a ver la luz (cf. Jn 9; Ap 3,18).
“Despierta tú que duermes, y levántate de entre los muertos, y te iluminará Cristo” (Ef 5,14b). Con el Maestro podemos salir de las cegueras del alma. Entonces todo quedará iluminado de una manera distinta, y nuestros ojos percibirán, gracias a la misericordia que cura, un horizonte maravilloso de bondad y de belleza. Seremos así capaces de vivir la plenitud de la Ley: amaremos a Dios y a los hermanos (cf. Mt 22,36-39).

Embarazada tras violación rechazó aborto: Mi esposo y mi hijo me ayudan a seguir adelante

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WASHINGTON D.C., 11 May. 15 / 03:22 pm (ACI/EWTN Noticias).- Jennifer Christie quedó embarazada tras ser víctima de una brutal violación cuando se encontraba en un viaje de negocios en enero de 2014. Los médicos la presionaron para que aborte pero con el apoyo de su esposo lo rechazó y hoy asegura que su hijo la ayuda “a seguir adelante”.

En un artículo publicado en el blog pro-vida Save the 1, Jennifer, madre de cinco hijos, recordó el ataque y agradeció a Dios porque los análisis de enfermedades de transmisión sexual a los que se sometió tras la violación arrojaron resultados negativos.

Un mes después, señaló, “me enrolé en un transatlántico porque tenía trabajo en él. Al segundo día me enfermé de disentería y, como no mejoraba con los antibióticos, decidieron que a nuestra llegada a una de las escalas que era Cartagena (Colombia) me llevarían a un hospital para que me atendieran mejor”.

“Tras pasar la revisión, los médicos estaban preocupados por mi obstrucción intestinal y decidieron hacerme una prueba de ultrasonido: En ella se podía ver claramente en mi matriz una incipiente bolsita con un embrión en su interior”, indicó.

Cuando volvió a bordo del barco, Jennifer explicó a los médicos y enfermeras que su embarazo se debía a una violación, “y, para mi sorpresa, lo que conseguí fue que me sometieran a una estrecha y desconfiada vigilancia. ¿Tendencia suicida? ¿Enajenación que me llevase a pasearme desnuda por las distintas estancias del barco? ¡Quién sabe!”.

“Lo cierto fue que me pasé las siguientes semanas oyendo a un grupo de ‘bienintencionados’ médicos y enfermeras que me aconsejaban matar a mi hijo, pasar página y empezar de nuevo”, lamentó.

En esos días, recordó, “hablé muchas veces con mi marido por teléfono desde el barco. Algunos días la conversación fue seca y estuvo bañada por las lágrimas pero en ningún momento salió de mis labios o de los labios de mi marido la posibilidad de abortar al niño y seguir adelante como si nada”.

“Cuando le dije a mi marido que estaba embarazada me contestó con voz tranquila y segura: ‘Tranquila, todo irá bien’. Y yo: ‘¿Qué quieres decir con que todo irá bien?’ Y él: ‘Que podemos, que estamos esperando un hijo y que me encantan los niños. Este bebé es un regalo maravilloso que viene de un acto horrible. Y podemos hacerlo’”.

Jennifer aseguró que tras escuchar esas palabras de su esposo “sentí que me estremecía de alegría y de ilusión por esa nueva vida que crecía y se abría camino en mi interior. Este nuevo amor superaba cualquier angustia y tribulación y sí, mi marido tenía razón: ¡Podíamos hacerlo!”.

“La última mañana que pasé en el barco les dije al equipo que cuidó de mí: ‘Si alguna vez os acordáis de mí y os preguntáis cómo terminó, sabed que tendré a mi bebé’ (tuve un niño en octubre de 2014)”.

Ella guarda aún el recuerdo de las reacciones en los rostros de quienes le recomendaban acabar con su embarazo. “La doctora que con más abnegación me había animado a que abortase tenia lágrimas en los ojos. Y pensé que tal vez Dios podía hacer que esa pesadilla que estaba pasando sirviera para ayudar o hacer un bien a los demás. Servirse de ella y servirse de mí”.

Jennifer recordó que durante la gestación enfrentó varios desafíos en su salud, pues tuve preclampsia, la tensión muy alta y calambres incontrolados. Cuando estaba de 26 semanas me dijeron que tal vez tendrían que provocarme el parto esa noche. Al final, no fue necesario pero tuve que guardar reposo absoluto en casa el resto del embarazo”.

“Cada semana que pasaba era emocionante pues no veía el momento de estrecharlo entre mis brazos. De ánimos yo estaba muy bien”, aseguró.

Jennifer señaló que “nuestro hijito que fue concebido en un acto violento es un don de Dios que ha encontrado un lugar en nuestra familia que no sabíamos ni que existía. Nos ha completado del todo”.

“Me alegro de haber podido conocer a otras madres que también concibieron un hijo en una violación. Somos supervivientes, no víctimas. Mi hijo me ha ayudado a seguir adelante”, dijo.

La valiente madre recordó que “algunas amiga pensaba que era un error dar a luz a ese niño y que sería incapaz de soportarlo emocionalmente. Cada vez que una madre que concibió en una violación cuenta su historia nos fortalecemos y hacemos más fuertes también a las demás. Y, ¿quién sabe cuántas vidas podemos salvar?”.

“Mi hijo podrá dar su propio testimonio pero, hasta que él pueda hacerlo, será para mí un honor hacerlo por él. Ésta es mi historia”, aseguró.image

LOS 7 DOLORES DE LA VIRGEN MARIA

La profecía del anciano Simeón.
La huida en Egipto
El niño Jesús perdido
María encuentra a Jesús cargado con la Cruz
Quinto dolor María al pie de la cruz
María recibe en sus brazos el cuerpo difunto de su hijo
Sepultura de Jesús y Soledad de María, nuestra Madre

1º Dolor
La profecía de Simeón en la presentación del Niño Jesús

Virgen María: por el dolor que sentiste cuando Simeón te anunció que una espada de dolor atravesaría tu alma, por los sufrimientos de Jesús, y ya en cierto modo te manifestó que tu participación en nuestra redención como corredentora sería a base de dolor; te acompañamos en este dolor… Y, por los méritos del mismo, haz que seamos dignos hijos tuyos y sepamos imitar tus virtudes.

Dios te salve, María,…

2º Dolor
La huida a Egipto con Jesús y José

Virgen María: por el dolor que sentiste cuando tuviste que huir precipitadamente tan lejos, pasando grandes penalidades, sobre todo al ser tu Hijo tan pequeño; al poco de nacer, ya era perseguido de muerte el que precisamente había venido a traernos vida eterna; te acompañamos en este dolor . . . Y, por los méritos del mismo, haz que sepamos huir siempre de las tentaciones del demonio.

Dios te salve, María,…

3º Dolor
La pérdida de Jesús

Virgen María: por las lágrimas que derramaste y el dolor que sentiste al perder a tu Hijo; tres días buscándolo angustiada; pensarías qué le habría podido ocurrir en una edad en que todavía dependía de tu cuidado y de San José; te acompañamos en este dolor . . . Y, por los méritos del mismo, haz que los jóvenes no se pierdan por malos caminos.

Dios te salve, María,…

4º Dolor
El encuentro de Jesús con la cruz a cuestas camino del calvario

Virgen María: por las lágrimas que derramaste y el dolor que sentiste al ver a tu Hijo cargado con la cruz, como cargado con nuestras culpas, llevando el instrumento de su propio suplicio de muerte; Él, que era creador de la vida, aceptó por nosotros sufrir este desprecio tan grande de ser condenado a muerte y precisamente muerte de cruz, después de haber sido azotado como si fuera un malhechor y, siendo verdadero Rey de reyes, coronado de espinas; ni la mejor corona del mundo hubiera sido suficiente para honrarle y ceñírsela en su frente; en cambio, le dieron lo peor del mundo clavándole las espinas en la frente y, aunque le ocasionarían un gran dolor físico, aún mayor sería el dolor espiritual por ser una burla y una humillación tan grande; sufrió y se humilló hasta lo indecible, para levantarnos a nosotros del pecado; te acompañamos en este dolor . . . Y, por los méritos del mismo, haz que seamos dignos vasallos de tan gran Rey y sepamos ser humildes como Él lo fue.

Dios te salve, María,…

5º Dolor
La crucifixión y la agonía de Jesús

Virgen María: por las lágrimas que derramaste y el dolor que sentiste al ver la crueldad de clavar los clavos en las manos y pies de tu amadísimo Hijo, y luego al verle agonizando en la cruz; para darnos vida a nosotros, llevó su pasión hasta la muerte, y éste era el momento cumbre de su pasión; Tú misma también te sentirías morir de dolor en aquel momento; te acompañamos en este dolor. Y, por los méritos del mismo, no permitas que jamás muramos por el pecado y haz que podamos recibir los frutos de la redención.

Dios te salve, María,…

6º Dolor
La lanzada y el recibir en brazos a Jesús ya muerto

Virgen María: por las lágrimas que derramaste y el dolor que sentiste al ver la lanzada que dieron en el corazón de tu Hijo; sentirías como si la hubieran dado en tu propio corazón; el Corazón Divino, símbolo del gran amor que Jesús tuvo ya no solamente a Ti como Madre, sino también a nosotros por quienes dio la vida; y Tú, que habías tenido en tus brazos a tu Hijo sonriente y lleno de bondad, ahora te lo devolvían muerto, víctima de la maldad de algunos hombres y también víctima de nuestros pecados; te acompañamos en este dolor… Y, por los méritos del mismo, haz que sepamos amar a Jesús como El nos amo.

Dios te salve, María,…

7º Dolor
El entierro de Jesús y la soledad de María

Virgen María: por las lágrimas que derramaste y el dolor que sentiste al enterrar a tu Hijo; El, que era creador, dueño y señor de todo el universo, era enterrado en tierra; llevó su humillación hasta el último momento; y aunque Tú supieras que al tercer día resucitaría, el trance de la muerte era real; te quitaron a Jesús por la muerte más injusta que se haya podido dar en todo el mundo en todos los siglos; siendo la suprema inocencia y la bondad infinita, fue torturado y muerto con la muerte más ignominiosa; tan caro pagó nuestro rescate por nuestros pecados; y Tú, Madre nuestra adoptiva y corredentora, le acompañaste en todos sus sufrimientos: y ahora te quedaste sola, llena de aflicción; te acompañamos en este dolor . . . Y, por los méritos del mismo, concédenos a cada uno de nosotros la gracia particular que te pedimos…
Dios te salve, Maria,…
Gloria al Padre

1. La Santísima Virgen María manifestó a Santa Brígida que concedía siete gracias a quienes diariamente le honrasen considerando sus lágrimas y dolores y rezando siete Avemarías:

Pondré paz en sus familias.

Serán iluminados en los Divinos Misterios.

Los consolaré en sus penas y acompañaré en sus trabajos.

Les daré cuanto me pidan, con tal que no se oponga a la voluntad adorable de mi Divino Hijo y a la santificación de sus almas.

Los defenderé en los combates espirituales con el enemigo infernal, y protegeré en todos los instantes de su vida.

Los asistiré visiblemente en el momento de su muerte; verán el rostro de su Madre.

He conseguido de mi Divino Hijo que las almas que propaguen esta devoción a mis lágrimas y dolores sean trasladadas de esta vida terrenal a la felicidad eterna directamente, pues serán borrados todos sus pecados, y mi Hijo y Yo seremos su consolación y alegría.

Dios y las madres

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Dios estaba muy ocupado en crear a las madres, llevaba ya seis días trabajando horas extraordinarias, cuando un ángel se le presentó y dijo: Te afanas demasiado Señor.

Entonces Dios le contestó: Acaso no has leído las especificaciones que debe llenar esta criatura: Tiene que ser lavable de pies a cabeza, pero sin ser de plástico; llevar 180 piezas movibles, todas reemplazables, funcionar a base de café negro y de las sobras de la comida, poseer un regazo que desaparezca cuando se ponga de pie, un beso capaz de cubrir todo, desde una pierna rota, hasta un amor frustrado, y seis pares de manos…

Y el ángel confundido observó: ¿Seis pares de manos? ¡Eso es imposible! no son las manos el problema (agregó el señor), sino los tres pares de ojos.

¿Y eso es para el modelo normal? (inquirió el ángel) El Creador asintió: Uno para ver a través de la puerta siempre que pregunte: «¡Niños! ¿qué andan haciendo allá adentro?» aunque ya lo sepa muy bien, otro detrás de la cabeza para ver lo que más le valiera ignorar, pero que precisa saber, y desde luego, los de adelante, para mirar a un niño en apuros y decirle, sin pronunciar siquiera palabra: «Ya te entiendo hijo, y te quiero mucho».

El ángel le tiró de la manga y advirtió mansamente: Vale más que te vayas a la cama Señor, mañana será otro día.

-No puedo. Y además me falta poco.

Ya hice una que se cura por si sola cuando enferma, que es capaz de alimentar a una familia de seis personas con sólo medio kilo de carne molida, y de persuadir a un chiquillo de nueve años para que se esté quieto bajo la ducha.

Lentamente el ángel dio la vuelta en torno a uno de los modelos maternales.

Me parece demasiado delicada (comentó con un suspiro).

-¡Pero es muy resistente! (aseguró Dios emocionado) no tienes idea de lo que es capaz de hacer y sobrellevar.

¿Podrá pensar?

-¡Claro! y también transigir. Por último el ángel se inclinó y pasó un dedo por la mejilla de la modelo… ¡Tiene una fuga! -No es una fuga, es una lágrima.

-¿Y para qué sirve?

-Para expresar gozo, aflicción, desengaño, pesadumbre, soledad y orgullo.

¡Eres un genio Señor! Y Dios con perfil de tristeza observó: Yo no se la puse…
Tomado del libro «Agenda del ama de casa».

UNA MADRE CONFORME AL CORAZON DE DIOS

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Proverbios » no desprecies la direccion de tu madre»
Siempre tuve un alto concepto de ser madre, y sin lugar a dudas puedo decir que !!ser madre es un privilegio!!

Fui madre a muy temprana edad, puede decirse que mi deseo de serlo supero la prudencia de esperar el tiempo correcto. Fue todo muy rapido, de pronto mi mejor intencion quedo sin efecto, pues una crisis inesperada tiro abajo mis ilusiones y mi hogar y tuve que tomar el timon cuando apenas podia sostener el peso de mis hijos. Camine sola por muchos anos, y entre mi amor de madre y la batalla por sobrevivir, mi caracter termino de formarse, Me converti en una luchadora implacable que curtia su piel y endurecia sus emociones en cada batalla; Esos pequenos fueron mi orgullo y mi fortaleza, el motor de mi vida..la prolongacion de mi existencia

Aplique todas las teorias de como criar hijos, queria asegurarme que lo estaba haciendo bien, y mi inexperto corazon lo creyo, falle, anos mas tarde me di cuenta por los resultados.

Dios no era mi prioridad, mi prioridad eran mis hijos, mis problemas, mi prestigio, mi futuro, yo creia en un Dios distante, una idea en mi mente no revelada a mi corazon., pues vivia bajo los parametros de las estrictas ensenanzas recibidas y de un deseo perfecccionista que me desgastaba.

Tarde mucho en ver la luz y en aprender lo que Dios tenia que ensenarme respecto a ser madre, esposa, hija, hermana. Fue un camino duro de recorrer. Hoy tengo tres preciosos hijos convertidos en promesas de Dios, cada uno de ellos tiene propositos formidables que por poco se llegan a truncar, tuve que trabajar en cada uno de sus corazones, derribar muchas paredes y reconstruir nuevos cimientos que pudieran ser bases fuertes para el sano desarrollo de sus vidas y sobre todo hacer grandes cambios en mi propio corazon.

Un solo principio rige mi vida ahora, amarlos a pesar de todo..especialmente cuando menos lo merecen.

Cuando puse a Dios como prioridad , El puso en orden mi vida, me enseno a ser mejor madre, mejor esposa, mejor amiga. abrio mis ojos y me enseno de la maravillosa responsabilidad de criar a los hijos para EL
Una madre conforme al corazon de Dios, es fundamentalmente una mujer de caracter firme, gran sabiduria, y compasion, que tiene en su corazon una profunda y constante pasion por la Palabra y entiende que son sus hijos son los que deben recibir los primeros frutos de su ardiente relacion personal con Dios Muchas veces damos de beber a muchos, mientras nuestros hijos perecen de sed.
Estoy trabajando en el proposito de ser esa clase de madre, cuya fortaleza y dignidad no procedan de sus sorprendentes logros sino del temor de Dios, que su atractivo no venga solo de su apariencia fisica sino de su caracter. Una madre que siempre esta a la expectativa,, preparada para ensenar a sus hijos la honra a Dios a traves de su diario vivir; ensenando con la Palabra, pero tambien con su ejemplo. »

La mujer sabia edifica su casa, mas la necia con sus manos la derriba» Prov 14:1

Esta sembrando semillas del amor de Dios y su verdad en el corazon de sus hijos? Nunca es demasiado temprano o demasiado tarde para empezar

Como madres no podemos impartir lo que no poseemos,asi que es vital que nos nutramos de la Palabra de Dios y su sabiduria en nuestros propios corazones.

Salmo 119:11 «En mi corazon he guardado tus dichos»dia-de-las-madres2