lunes, abril 8, 2024

LOS CARISMAS.

¿QUE ES UN CARISMA?

Un carisma es un don espiritual que nos da el Espíritu Santo para la edificación de la comunidad cristiana (1 Corintios 12,7).

Un carisma se recibe de manera independiente de los méritos del individuo, y no es necesario para su salvación (1 Corintios 12,11).
Un carisma no es una señal de santidad, o de mayor unión con Dios (1 Corintios 13-1). No puede uno ni atraerlo ni retenerlo sin la concesión del Espíritu (1 Corintios 14. 28, 32).

Uno puede acoger un carisma como don gratuito del Espíritu Santo para la edificación de la comunidad, y puede también sus¬traerse a las obligaciones que impone un carisma si no lo pone al servicio de la comunidad.

En muchos pasajes de sus cartas, San Pablo habla de los carismas como de unos «dones ministeriales», los asocia a algún ministerio, y así los carismas equipan, por así decirlo, las comunidades cristianas para que puedan crecer colectiva¬mente en Cristo.

NECESIDAD DE LOS CARISMAS EN LA COMUNIDAD.

El Papa Pablo VI afirmó: «El Espíritu Santo cuando viene otorga dones. Conocemos ya los siete dones del Espíritu Santo. Pero da también otros dones que se llaman carismas».
¿Qué quiere decir carisma? Quiere decir don, quiere decir una gracia. Son gracias particulares dadas a uno para otros, para que haga el bien. Uno recibe el carisma de la sabiduría para que llegue a ser maestro; y recibe el don de los milagros para que pueda realizar actos que, a través de la maravilla y la admiración, llamen a la fe.

Ahora esta forma carismática de dones que son dones gratuitos y de suyo no necesarios, pero dados por la sobreabundancia de la economía del Señor, que quiere hacer a la Iglesia más rica, más animada, y más capaz de autodefinirse y auto documentarse, se denomina precisamente,» la efusión de los carismas».

Quisiera Dios, que el Señor aumentase todavía hoy una lluvia de carismas para hacer fecunda, hermosa y maravillosa a la Iglesia y capaz de imponerse incluso a la atención y al estupor del mundo profano, el mundo laicizante» (Paulo VI, Catequesis de 1974).

LOS CARISMAS DE LA IGLESIA

En el Nuevo Testamento, la Iglesia aparece como algo vivo. San Pedro afirma que los cristianos son «piedras vivas» juntamente construidas para «la edificación de un templo espiritual» que es Cristo resucitado y glorioso (1 Pedro 2, 5).

San Pablo a su vez habla de la comunidad cristiana como de un solo cuerpo místico cuya cabeza es Cristo resucita-do. Cada cristiano,-por reformas estructurales, insisten en lo comprobado en el pasado.

Y aquí puja el dinamismo del Espíritu, y bien fuerte, bajo la costra de tradiciones esclerotizadas: si se abre paso, aunque sea sólo una pequeña grieta, estalla el volcán. Basta cavar solamente un poco, y las antiguas fuentes comienzan a manar de nuevo.

Cuando una vez se ha visto y oído lo que puede hacer el Espíritu de Dios, cuan rápidamente mete en el hombre y en el grupo entero un impulso misionero, un nuevo gozo de Dios, un nuevo amor a la Iglesia; es casi desesperante que esto suceda tan escasamente.
Lo que nace en el bautismo en el Espíritu constituye un acontecimiento del todo personal en la historia de la propia vida, pero las fuerzas ahí liberadas sirven principalmente para el servicio a la Iglesia.

Lo que nace de aquí no es una nueva Iglesia carismática, sino una Iglesia carismáticamente renovada».

NO HAY COMUNIDAD SIN CARISMAS

Todos los carismas están ordenados hacia el crecimiento de la Iglesia, hacia la manifestación del Reino.
Los carismas manifiestan el poder de Dios, autentifican el mensaje, invitan a la conversión.

Acompañan a los apóstoles, a los que anuncian el Evangelio. Por mano de los apóstoles se realizaban muchas señales y prodigios en el pueblo…» (Hechos 5,12).

Estos signos vienen a confirmar que el Evangelio «es una fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree» (Romanos 1,16).
Estos signos confirman que el Reino ya está en medio de nosotros.

HAY MUCHOS CARISMAS

Hay muchos carismas en la Iglesia. Tan sólo en sus epístolas, San Pablo menciona un total de veinte dones especial¬mente recibidos para el bien de la comunidad. Podemos subdividirlos en tres categorías según el género de utilidad que procuran:

1. Dones referentes a la instrucción de los fieles: el carisma de apóstol, de profeta, de doctor, de evangelista y de exhortador, la palabra de sabiduría, la palabra de ciencia, el discernimiento de espíritus, el don de lenguas, el don de interpretar las lenguas (Cf. Romanos 12, 6-8; Efesios 4,11).

2. Dones relacionados con el alivio de los fieles: el carisma de limosna, de la hospitalidad, el don de asistencia, el de la fe, las gracias de curaciones, el poder de milagros.

3. Dones relacionados con el gobierno de la comunidad: el carisma de pastor, el de aquel que preside, los dones de ministerio (diakonía), los dones de gobierno (Romanos 12, 6-8). Y hay muchos más carismas, como son por ejemplo, el carisma de la vida religiosa, el carisma de la infalibilidad del Sumo Pontífice.

LOS CARISMAS DAN CREDIBILIDAD AL EVANGELIO

Los carismas dan credibilidad al Evangelio. Son signos que acompañan a los que creen para darles poder en su trabajo evangélico. Se cumple la promesa del Señor como lo leemos en Marcos 16, 20: «Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban».

Se puede enseñar la religión, instruir en las doctrinas y memorizar el catecismo sin que los carismas del Espíritu estén obrando sus maravillas. Pero evangelizar es otra cosa. Evangelizar es presentar a Jesucristo, Hijo de Dios.

El Espíritu Santo es el alma de la Iglesia y el agente principal en la evangelización. Cuántos católicos bautizados y confirmados en toda América Latina están esperando este tipo de evangelización acompañada de carismas que expresan: «Vayan y cuéntenle a Juan lo que han visto y oído: Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son purificados, los sordos oyen, los muertos resucitan, se anuncia la Buena Nueva a los pobres» (Lucas 7,22).

En el mundo entero la Renovación Carismática está penetrando en la Iglesia como renacer de primavera. Ya se calculan en más de treinta millones de católicos los que participan cada se¬mana en los grupos de oración en la Iglesia católica. También nuestros hermanos protestantes reciben en todas partes esta bendición de la renovación de los carismas en su evangelización.

Tan sólo en Colombia, las estadísticas afirmaban que había ya más de diez mil grupos de oración carismática en el país. Aquí, en República Dominicana, los grupos de oración pululan por todas partes. Como un ejemplo podemos decir que acabamos de recopilar la estadística de la diócesis de San Francisco de Macorís donde hay actualmente 614 grupos de oración. En el país entero, los grupos pasarán ciertamente de 1,500… Es como el viento recio de Pentecostés que está llenando nuevamente la casa, como cuando las 120 personas estaban con María, la Madre de Jesús.

Nuevamente el fuego de Pentecostés está bajando sobre los sucesores de los apóstoles y sus discípulos. Por eso, miles y miles de católicos se sienten llenos de gozo y paz y con ganas de levantarse y gritar a los cuatro vientos, como en el primer Pentecostés, que Jesús es el Señor. Por consiguiente, la oración de alabanza acompañada de aplausos y gestos, de brazos levantados está volviendo a las celebraciones carismáticas en toda América Latina. Las celebraciones eucarísticas son dignas, muy festivas y gozosas como la anhelaba Paulo VI. El gran sacramento de la reconciliación está recuperando su fuerza como un encuentro personal con el Buen Pastor que perdona y libera de lo malo, sanando y llenando de gozo. Es la revitalización de todos los sacramentos que estamos viviendo en esta Renovación Cristiana en el Espíritu Santo. Mucho se había hablado en América Latina de sacra mentalización, y la solución no era quitar los sacramentos, sino revitalizar todos los sacramentos a los ojos del pueblo de Dios, y ¡ésta es obra del Espíritu Santo que lo está haciendo con poder!»

 

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