FIDELIDAD A DIOS Y AL CÓNYUGE

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“Los cónyuges injustamente abandonados dan un importante testimonio cristiano de auténtica caridad cuando, fruto de la fe y de la esperanza, no consienten en una nueva unión matrimonial por fidelidad a Dios y a su cónyuge, aunque éste se comporte injustamente.”(Catecismo)

Cada día estoy más convencida que después de una ruptura, una separación, entrar en una nueva unión nunca es la mejor decisión, ni es la solución, mucho menos cuando ha habido abandono injusto y se deja a la esposa (o) y los hijos con el dolor producido por la división de la familia.

Cada vez es más frecuente que las personas que han sido abandonados por sus cónyuges busquen llenar el vacío en otra relación creyendo que les dará felicidad, tranquilidad, o les ayudara a aliviar el dolor que se vive a raíz de ese abandono. A veces por no lograr llenarlo, saltan de una relación a otra y lo que logran con esto, es que sin darse cuenta se va deteriorando el alma y continúa sintiendo soledad ,tristeza y dolor, porque su comportamiento le ha alejado del único que logra sanar las heridas y llenar el vacío que nos deja ese abandono: Jesús.

Cuando una esposa (o) es abandonado, se comete una gran injusticia, experimenta un dolor tan profundo que es imposible describirlo, es un dolor de alma que llega sangrar interiormente heridas que se han producido a lo largo del matrimonio y que causan interiormente lo que pudiéramos llamar “una carga al corazón”. Le duele que su cónyuge se aparte de su familia y se aparte de Dios.

Existe la posibilidad siempre que en vez de salir de un matrimonio con problemas, se busque curar las heridas que han ocurrido durante el matrimonio, con la ayuda adecuada, buscando sanar a ambos cónyuges y conseguir que la unión cobre más fuerza para llegar a la restauración del matrimonio, que con la ayuda de la gracia de Dios, recibida en la bendición sacramental, haga realidad el amor que nos enseñó y entregó Jesucristo.

Sin duda ambos cónyuges son responsables de cuidar la relación y de los problemas que surgen en ésta, sin embargo hay errores, faltas, acciones y pecados individuales que dañan y afectan a la parte inocente especialmente cuando la parte que abandona se involucra en una relación adúltera que fue la causa de ese abandono. La tercera pieza también hace parte de ese dolor que vive la esposa y los hijos abandonados. Cuando esta situación se da se hace más difícil la restauración, sobre todo si la persona no toma conciencia de su pecado, sin embargo si la persona toma conciencia y busca a través del perdón, la reconciliación, ésta puede darse a través de un proceso de arrepentimiento, reconociendo ambas partes los errores cometidos y cambiando lo que los ha separado.

Las personas abandonadas que entran en nuevas relaciones, se les ve disfrutando en lugares y eventos públicos porque encajan en los círculos sociales por no estar solas (os), pero en el fondo sigue dándose el vacío que ha sido producido por el abandono y que al llegar a casa les regresan los recuerdos de los mejores momentos vividos con el cónyuge, los hijos y reviven una y otra vez el dolor y la soledad producida por el abandono, con los vacíos causados por no compartir la convivencia y por el amor que sigue vivo de esa esposa (o) abandonado por el cónyuge que se fue.

“El divorcio nunca estuvo en el Plan Original de Dios para el hogar. Jesús lo estableció claramente en Mateo 19:8 “Jesús contestó: Porque ustedes son duros de corazón, Moisés les permitió despedir a sus esposas, pero no es esa la ley del comienzo.” El Plan Original fue sencillo y claro: un hombre, Adán, con una mujer, Eva, juntos en una unión permanente, matrimonio para toda la vida. ¡Cuán perfecto!. Recordemos que el pecado no estaba presente, ni la naturaleza carnal en esa humanidad.”

“El Señor está cerca de las almas que sienten aflicción y salva a los de espíritu abatido.”(Salmo34,19). Sin que las heridas causadas por la ruptura sanen aun cuando creamos haber encontrado en otro (a) lo que tanto buscábamos, la felicidad perfecta no lograra la unidad interiormente ya que ha habido división y el hombre dividido hasta no encontrarse con Dios, no podrá volver a sentir la paz necesaria para lograr la plenitud que el ser humano debe alcanzar para vivir en comunión con Dios, con el mismo y los demás.

Muchos piensan que en esa nueva relación pueden inclusive recibir a Jesús, pero, ¿ si podrán sin hacer las paces con la esposa y los hijos abandonados? Para poder estar bien con Dios deberá recorrer el camino del perdón y no buscar en otro lo que sólo Dios le puede dar, el amor verdadero y la paz necesaria para seguir sin las cargas que produce el haber dejado ese hogar que Dios le confió.

La voluntad de Dios es restaurar matrimonios y la vocación de los esposos es buscar la santidad a través del sacramento, es poder dar cuentas a Dios de cuánto lo hemos amado a Él a través de ese esposo y poder juntos entrar al reino de Dios.

Les regalo una hermosa historia que encontré para que aquellos que han abandonado sus hogares busquen ese camino de perdón y reconciliación porque hay alguien que está lleno de amor esperando su regreso:

“El amor en el matrimonio es un elemento indispensable y debe ser espontáneo y natural. El amor es el secreto de la felicidad que deseamos en el matrimonio. Oí alguna vez la siguiente historia: un ángel vio a un hombre casado que era muy infeliz. Llegó a donde estaba y le preguntó por qué se sentía así. El hombre le contó entonces la triste historia de su vida y el ángel le entregó la mitad de una piedra preciosa diciéndole que le buscara la otra mitad, que estaba en manos de una mujer que lo haría inmensamente feliz. El hombre de la historia recorrió muchos lugares buscando la otra mitad de la piedra preciosa que lo haría dichoso y feliz por el resto de su vida. Para sorpresa suya un día descubrió que la mitad faltante de la piedra preciosa estaba en la caja de joyas de su esposa. La felicidad que buscaba estaba bajo su techo y no se había dado cuenta de ello.”

“La íntima comunidad de vida y amor conyugal, fundada por el Creador y provista de leyes propias, se establece sobre la alianza del Matrimonio…, un vínculo sagrado…no depende del arbitrio humano. El mismo Dios es el autor del Matrimonio”. (1603 Catecismo de la Iglesia Católica)

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